Hoy se conmemoran 13 años de la masacre de Bojayá, un hecho doloroso, amargo, oscuro, que te abre las compuertas del dolor y la rabia al tiempo. Hace uno o dos años cuando tuve la oportunidad de estar allí uno de los habitantes que presencio la masacre me contó que esa noche del 2 de enero del año 2002 llovió mucho -no paraba de llover- dijo, mientras las lágrimas descendían por su mejillas - ¿sabe por qué no dejo de llover? Porque cuando muere alguien que no quería o no debía irse todavía porque no era su tiempo, hace llover y esa noche murieron muchos inocentes- Hoy es un día para ocupar la memoria, para para que llueva en nuestros corazones, para llorar a los muertos de Bojayá, para rendir un homenaje a las víctimas del conflicto armado, para recordarnos que estamos vivos para recordarlos.
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